domingo, 27 de junio de 2010

Bien, me ataca la soledad de nuevo, aunque ésta vez la sentí llegar, intalarse en éste prostíbulo de 5 dólares que es mi vida apestosa.
Sabía que iba a llegar el momento en éste día en que me quedara solo como el perro, pues mi familia anda en un festejo al que no puedo ir por los "bandos" en que se han dividido mi familia: mi familia vs yo.
Nada que hacer, nadie me sigue, me aclama, me necesita, ¿cuánto tiempo duraré así? ¿el necesario? o ¿hasta que yo decida?
Ayer no podía contener el sueño manejando, llegué, me estacioné y me quedé dormido en el asiento del jeep, desperté por una llamada, no sé ni que dije, luego bajé mis cosas y me recosté sobre el sillón, desperté casi a las 5, me subí a mi cama.
Hoy sé que será uno de esos días solitarios en los que ando mendigueando llamadas, mensajes y visitas, ofreciendo cafés, películas en el cine y hasta cervezas. me siento tan vacío como la botella que tengo enfrente de mi.

2 comentarios:

webita dijo...

Bueno... la cosa es que la soledad siempre es fructífera, sólo hay que saber racionarla. Son rachas que tiene uno, derrepente las personas se alejan y derrepente el que se aleja es uno, pero siempre cambia la situación y entonces, cuando no los llames ahí estarán.

Flash dijo...

hey, gracias por el comentario, tienes razòn, la soledad ayuda, pero despuès de tanto cala