32
El número no me dice nada.
Pienso ahora en cómo ha cambiado mi vida en un año.
Hace 365 días tuve uno de los mejores cumpleaños que he tenido. Con mi familia, mis compañeros de trabajo durante el día, por la tarde terminé todos y cada uno de los posters que he hecho con esténciles para las tocadas con Retro, por la noche rockeé con mi banda, la mejor banda que alguien pudiera tener, salté, brindé, canté con ellos, mis amigos estaban allí, mi interés amoroso de ésos días estaba ahí, simplemente genial. Me sentí el centro del universo.
¿Qué cambió?
La ciudad de residencia, amigos nuevos, algunos regresaron, otros se fueron, mi interés amoroso de esos días desapareció el 2 de Enero del año, después de ser alguien tan importante en mi vida por un año completo simplemente me borró. He ganado madurez e independencia, organización y visión.
Aunque sigue atacándome la depresión pre-cumpleaños y sigo sintiéndome el hombre que ha tomado las peores desiciones del mundo. He envejecido viviendo a salto de mata en tantos aspectos, justificando mis errores y cargando sobre mí muchos otros que no fueron míos. He perdido cosas, cosas valiosas que no las sabes hasta que se te van de las manos, es como querer atrapar un sueño, un sueño tan lúcido y perfecto donde todo es maravilloso y al despertar tratas de asirte a él, pero te cala dentro del esternón el darte cuenta que tu mente te ha pillado, que tu imaginación se burla en tu cara de tus anhelos.
Normalmente uso una máscara todo el día, la máscara que dice que todo está bien y que cada felicitación me alegra, cuando es al contrario. No por los años, eso no es para mí, la edad es irrelevante y más si me siento a gusto con lo que he hecho y vivido, es por el merecimiento. A veces me siento tan ruin y patán que hace que cada buen deseo dedicado hacia mí lo sienta que no lo merezco. Trato de cambiar y sigo estancado donde mismo.
Pero algo dentro me dice y me promete que la angustia se acabará, que tendré lo que siempre he querido y por lo que he luchado, algo que me dice que aguante y que me convierta en una montaña contra las ráfagas de viento, o como una roca contra la nieve. Aguantar, y será cuestión de tiempo, tiempo que cada vez vuela más rápido a medida en que uno se hace viejo. Las hojas de los árboles siguen cayendo...
Éste cumpleaños no pinta para ser como el de hace un año o el de hace dos, pero es éste, es el que tengo, y mientras siga teniendo ésta memoria, nadie podrá quitarme la pera que me regaló mi mamá, pues sabe cuánto me gustan, los abrazos de mis amigos, la música de mi banda, los dibujos de mi sobrina, el apoyo de mis compañeros de trabajo, la voz de mi hermano, la única llamada telefónica anual de mi papá, la repostería de mi cuñada. Aunque el regalo más importante es de la gente que de verdad me ha a apreciado y perdonando cada desilusión, cada falta de visión, cada error, cada basura que he hecho, ése...ése es el que creo no merecer y es el que siempre está.
Necesitaba un reloj para mejores tiempos. La maquinaria ya se está conjuntando.
lunes, 8 de octubre de 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)