jueves, 29 de agosto de 2013
"¡Maldita perra asquerosa!"
Más que un amigo, un hermano, alguien que pudo llegar a una esfera de mi vida sin un sólo traspiés en el camino. Aprendí tanto de ti, pero no me refiero a cómo jugar COD o al Shangai en los dardos, me refiero en lo humano. Eres la persona más hospitalaria, educada, respetuosa y noble que conozco, la más amable, auténtica y honesta, si pudiera encontrar más adjetivos estoy seguro de que los incluiría pero no quiero saturar ésto, me ayudaste en momentos críticos, me cuidaste, guiaste y me enseñaste que no se puede ser suficientemente servicial y humilde aún teniendo el corazón y el talento tan grande, no hubo un solo día en que no me hicieras sentir especial, amén de todos los chistes, carcajadas, memes y martes de dardos, cerveza weisen, carnes asadas perfectas, fiestas, blackbull y los burritos de afuera, premieres de cine, playstation, música que nos quedamos sin componer juntos, me diste una amiga imaginaria que no sabía que tenía, me contactaste con el peor equipo de fútbol para jugar, me hiciste subir a un escenario en Torreón para cantar una sola canción y hasta me enseñaste un emplatado hecho por Tarantino.
Quisiera poder corresponderte de igual manera en algún momento de mi vida y no tengo palabras para agradecerte todo ésto.
Gracias hermano, eres el mejor.
(soy tan asqueroso y ella tan zorra)
Adiós a Laguna
"Todas las obras de arte deben empezar por el final". -Edgar Allan Poe
"Un tonto nunca se repone de un éxito". Oscar Wilde
No era un nudo en la garganta si lo quería, lo era si lo aceptaba.
No hay palabras en español para externar lo que he experimentado en veinte meses en la ciudad de los grandes esfuerzos y lo que ésto ha hecho en mí.
Vino un chef y se va alguien distinto, un ente, una persona, un individuo, un ser diferente, mutado, recreado.
Siempre he dicho que tengo muy buena memoria, por eso recuerdo el millar de chistes en mi mente y dependiendo de la situación en la que esté encuentro el adecuado, pero a veces es muy útil para mirar el retrovisor y ver el camino recorrido. No me referiré a ésta experiencia en la Laguna como una aventura porque yo sabía a qué venía, cuál era mi misión y con qué contaba, cosas que no aplican en una aventura donde sólo cuentas con incertidumbre e improvisación. El ser humano es social por naturaleza y aunque traté de no involucrarme con una ciudad en la que sabía que estaba de paso, eso no sucedió. Traté de ser la persona indicada en el lugar que se requería, traté de servir a mi propósito lo mejor que pude, traté de no guardarme nada y ayudar, formar, apoyar tanto a mis compañeros como a mis alumnos, todos esos desconocidos por los que dejé mi ciudad, mi familia, mis amigos, mi equipo de fútbol, mi banda de rock... ¿Porqué? Muchas voces me lo cuestionaron, pero no internas. ¿Qué me salvó de no volverme loco en la soledad dentro de una ciudad inhóspita donde las tormentas de tierra me azotaban caminando de regreso a las cuatro paredes que mi mente creó? Las personas.
Esas mismas personas que dejaron de ser desconocidas y que me decían "buenos días" a diario, esas personas que me sacaban sonrisas con sus ocurrentes interacciones, mi vecino que durante más de un año me decía "¡hola José!" y después llegaba y se corregía diciéndome: "no es José sino René, ¿verdad?" y al día siguiente me saludaba: "¡qué tal José!", el señor del oxxo que a las 7:30 de la mañana cuando compraba mi café estaba como en modo de piloto automático por soñoliento, y las tantas personas que se pelean por decir cuáles son las gorditas más ricas de la ciudad, una ciudad a la que cada vez le fui tomando más cariño.
De repente tenía amigos con los cuales salir a cenar o a ver premieres de cine a la medianoche, amigos que me invitaron a jugar en el peor equipo de futbol de la Laguna (o uno de los peores), amigos para jugar billar, playstation o los tan preciados dardos, amigos con los cuales hablar de comics y superhéroes por horas, amigos que me llevaban una galleta para acompañar mi café, amigos que me llevaron al TSM, al Blackbull, a la Ballena Feliz o simplemente escuchar rock en un bar. Amigos que me acogieron cuando más lo necesitaba sin importar que hablara como la gente de Chihuahua y tomara un litro de café al día.
¿Qué me llevo? primero, su cariño, también su pasión por la cocina, me llevo el que me hayan aguantado cada instrucción, cada orden y cada clase, mi mala letra y mis dibujos, mis chistes anti-España y mi arrogancia con los franceses, mis sarcasmos, me llevo todos sus platillos probados, sus brindis en las catas de vino, el pisarle el piso recién trapeado a Joanna, el tono de voz de Saraísa, el profesionalismo de Geován, los bailes, poses y caras del buen humor de Cristina, las mil anécdotas de Juan Carlos y sus atajadones, hasta un gol que metió en un partido, el caminado de Liz y toda su mala suerte en esguinces y choques, la disposición de Karla, la escucha de Mariana, la risa de Natalia, el piolín de Nena y su energía más inacabable que la del mismo Carlo, las comilonas de Claret, el gran ambiente de cada grupo, siempre risas con Beto, Adán y sus ocurrencias (puro retazo), Diana la gritona, Esly y la chukía, Raúl con su acento norteño,la repostería y las premieres de cine con Bernardo, el "qué cargaditos" de Teresita y sus "¡ahí está, Gil!", la siempre cortés presencia de Rafa y mi siempre envidia de que no sé nadar como él, la sonrisa de Salma, los sorprendentes platillos de "chuyito", un gran amigo en muchos aspectos Gil, el cantante Pancho el del rancho, Leiner y su amor al Santos, Vero que era un gran parámetro para dar cada sábado una gran clase, Anaís, Hassan, Abraham, Jorge, Laura, Magda, Andrea, Víctor, Jessica, Karol, Carolina, los Javiers, Paty, Héctor y la niña Vianey,la generación que me hizo sentirme perteneciente a la ciudad y que me presionó para seguir levantándome cuando cada día era más pesado la gran responsabilidad con ellos y no bajar los brazos en su enseñanza, de la nueva generación alcancé a ver su sinergia, me llevo sus buenos deseos y sus aplausos y hasta un café servido por Luz en el makiata...
Me llevo el cada "sí, Chef" de todos los alumnos...
No hay nada más melancólico que una escuela de cocina vacía después de un largo día de clases, cerrar ventanas y puertas, llaves de gas, el apagar luces...
¿Les dejo algo? espero haberles dejado una pequeña parte de conocimiento de gastronomía, les dejo el olor a la siempre insuficiente mantequilla, les dejo el sol quebrado en hojas de otoño con salsa de mandarina, té negro y cardamomo, les dejo la luz del relámpago para alumbrar su camino a casa, les dejo el café para tomar en las tardes lluviosas escuchando a Mad Season, les dejo un agradecimiento enorme por cada día con ustedes, les dejo una flecha para revancha o defensa, les dejo goles de volea, mi risa entrecortada, mi olfato detective de perfumes, mi mano para levantar la barbilla y mi índice para su oído y mi permanente compromiso de no desaparecer y de volvernos a ver.
Gracias Laguna.
No era un nudo en la garganta si lo quería, lo era si lo aceptaba.
(entra un perro a un bar y le dice al cantinero: "te pido por favor un whiskey con agua del retrete por favor..."
jueves, 15 de agosto de 2013
Entre anillos de café marcados por la base de la taza en la servilleta, espero. Si sigo tomando café de ésta manera mi corazón entrará en una vorágine de un interminable ritmo que acabará por detenerse abruptamente, un infarto por sobredosis de café dirán, mi lápida dirá: "ojalá en donde esté ahora tengan suficiente café". De repente el aroma del espresso frente a mí me regresa a la húmeda habitación en Venecia, viendo por la ventana el sol danzando en partes sobre el agua. Mi mirada se pierde en el líquido, espero.
jueves, 8 de agosto de 2013
¿Y si pudiéramos?
¿Inevitable? ¿Imposible? ¿Inoportuno? son las palabras que rondan mi mente.
Creo que hice lo que pude, no se puede obligar a alguien a que te quiera, a que le gustes, a que acceda dejarlo todo por ti, al menos no en tan poco tiempo, el tic tac me alcanzó, no puedo hacer más.
Vuelvo a la analogía del viaje en el tiempo aunque ella misma me diga que no lo haga, que uno se auto-flagela, pero al menos lo intenté, al menos ella pudo dejar en mí la huella indeleble de su sonrisa, de sus besos, de sus abrazos, pero nunca es suficiente, nunca, siempre quiero más.
Si la otra persona no deja las anclas de dolores pasados, no quema sus puentes para no regresar nunca más por ése camino, si no se permite aceptar el presente como el único tiempo que importa, entonces no sirve de nada lo que soy y lo que hago, es muy triste.
De verdad quería estar bailando con ella cada vez que la lluvia nos alcanzara, quería provocar todas sus sonrisas que brillan más que el sol, quería...
¿Qué pasaría si pudiéramos? ¿si en verdad existiera el destino? ¿y después estemos en la misma ciudad y sigamos saliendo? Agotaría cada saeta de mi carcaj.
Prefiero entregar un corazón y que me lo rompan, remendarlo y parcharlo a cuidarlo tanto y que se muera completamente nuevo y sin usar, por temor al dolor.
Sé que volveremos a vernos, y a verla bailar mientras llueve, y aunque ya no me dé ese tímido beso en la boca sé que un momento significó algo importante.
Hoy solo pienso en que la lluvia representaba como me sentía en el interior.
viernes, 2 de agosto de 2013
Noche de Plata
Pasé por Angie a su casa casi a las 20:00, me recibió con un tímido beso en el remedo de boca que tengo (siempre he pensado que tengo la boca chica), eso es lo mejor de mi día, un beso suyo después de 4 días de no verle. Vamos filosofando como siempre en el camino a la gasolinera sobre una niña que quería ser flan y hablando de la manera más elocuente posible, nos divierte el imaginar decirle al de la gasolinera: "le suplico sea tan amable de adicionarle el equivalente a una centena de moneda nacional sin céntimos de fluido carburante alcano petroquímico refinado premium sin plomo". Es bastante ingeniosa en ello.
Llegamos a la Alameda y nuestra misión es subirnos a los juegos mecánicos, su mirada se dirige a la rueda de la fortuna, su sonrisa surge.
Minutos después estamos viendo la ciudad desde la parte de arriba de la rueda, eso hace que busque en mis recuerdos y no encuentre ninguno referente a mí dentro de una situación similar... Nunca me he subido a una rueda de la fortuna, y para hacerlo más especial, mi primera vez es con ésta muñeca, cada vuelta que damos me hace sentir un vértigo en el estómago, y no por la altura o el marearme, son las tan mencionadas y cada día más menospreciadas mariposas en el estómago, es un vértigo porque Angie me lo provoca cada vez que aprieta mi mano con fuerza.
Después nos subimos a otro juego mucho más vertiginoso y radical, de verdad me hizo gritar y cerrar los ojos ¿donde había estado éste tipo de diversión en mi vida antes?, ella me ha cambiado la perspectiva de ver mi vida ahora, me siento como si quisiera comerme el mundo, quisiera correr y saltar dentro de una fuente con agua, reír a carcajadas, ver todo el cine que pueda, manejar a alta velocidad, dar vueltas en un campo de girasoles o simplemente ver la puesta del sol y como se aparece la primer estrella de la noche y la luna de plata, soy mejor persona por haberla conocido, me había hecho huraño, la ciudad me irritaba, la soledad se aferró a mí como una enfermedad que no quiere curarse, ahora sólo pienso en su voz, sus ojos y en ése beso con que me saluda cada día que nos vemos, en éste remedo de boca que tengo.
