Entre anillos de café marcados por la base de la taza en la servilleta, espero. Si sigo tomando café de ésta manera mi corazón entrará en una vorágine de un interminable ritmo que acabará por detenerse abruptamente, un infarto por sobredosis de café dirán, mi lápida dirá: "ojalá en donde esté ahora tengan suficiente café". De repente el aroma del espresso frente a mí me regresa a la húmeda habitación en Venecia, viendo por la ventana el sol danzando en partes sobre el agua. Mi mirada se pierde en el líquido, espero.
jueves, 15 de agosto de 2013
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